viernes, 26 de febrero de 2010

Todo por un beso

El beso que dos adolescentes se dieron en una fiesta luego del Carnaval de Brasil, terminó con tres detenidos y acusaciones de pedofilia y homofobia.

Todo comenzó cuando una estudiante universitaria de 18 años besó a su novia de 17 en la calle, durante las celebraciones posteriores al Carnaval. Un hombre que las vio, acusó a la mayor de pedofilia y provocó un altercado que obligó a la policía a utilizar aerosol de pimienta y dejó a un oficial herido.

"Fue sólo un beso normal, no había necesidad de que ocurriera todo esto", dijo la más grande, detenida bajo los cargos de pedofilia.

Tanto las dos chicas como Mr. Homofobia, fueron liberados por falta de pruebas: en el caso de las jóvenes se trataba de una pareja, y con respecto al señor (¿?) las autoridades brasileñas dijeron que no hay evidencias para reternerlo por homofobia.

viernes, 19 de febrero de 2010

¿Qué es ser lesbiana?

Por Marian Pessah
(Publicado en el suplemento SOY del diario Página/12)


Hace muchos años aprendí que lesbiana era una mujer que estaba por placer con otra mujer. Podía ser por afecto, amor, sexo, etcétera. Con el tiempo comprendí que decirnos lesbianas era, además, un hecho político de visibilidad en un mundo patriarcal, muy diferente que denominarnos “homosexuales femeninas”. La palabra homosexual está en el imaginario destinada a los hombres, y aquello de “femenino” se volvería un adjetivo arbitrario. Nunca adherí a la definición de que lesbiana era una mujer que amaba a otra mujer. Entiendo la lesbianidad como una categoría política y no como una circunstancia amatoria/amorosa/¿coyuntural? ¿Si no amo, no soy? ¿Y si no soy amada, vuelvo a la norma heterosexual?
Más adelante, en mi caminata por la vida, me di cuenta de que ser lesbiana era ser anormal, puesto que no seguía la norma establecida social y culturalmente que me habían asignado al nacer. Me estaba rebelando a la heteronorma y elegía ser parte de una disidencia sexual.

Desde esta visión, fuera del cuadradito normativo y con la libertad que me otorga la rebeldía, tuve la posibilidad de seguir observando a través de conductas que se oponen a las reglas estrictas del sistema opresor y ordenador. Así fue como empecé a desconfiar del casa-miento monogámico de amor y placer.

La idea es revisar y (re)crear las formas de vida que nos lleven a vivir en armonía con nuestros cuerpos, placeres, deseos, amores, reinventando nuestros propios códigos. Sin propiedad privada de cuerpos, ni deseos instituidos. Ser una amante en libertad no implica, necesariamente, estar todos los días con alguien diferente: es revolucionar prácticas y formas; es reapropiarnos de nuestros cuerpos; es estar en permanente comunicación con nosotras mismas. También con nuestras fantasías y necesidades.

Seguí caminando y observé que mi deseo no siempre se condice con mi género. Si bien siempre supe que no era ni deseaba ser “femenina” sino feminista, ser mujer no es sinónimo de femenina. Los géneros son nómades. Imagino que si consiguiéramos romperlos, caerían un montón de pedacitos y así se desintegrarían. Finalmente acabaríamos con el binomio hegemónico de la masculinidad versus la feminidad, de esta manera podríamos abrir la puerta e invitar a entrar a tantas variedades intermedias e inimaginables hasta ahora. El mismo rompimiento podríamos hacerlo respecto de las sexualidades. En uno de los atajos asumí que, como diría la Beauvoir, mujer no se nace, se hace; algunas lesbianas no nos queremos “hacer” mujeres.

Uno de los últimos descubrimientos es que hay lesbianas que están, a veces, con varones y siguen siendo lesbianas. Hoy vuelvo al comienzo: ¿qué es ser lesbiana?